lunes, 3 de noviembre de 2008

Tu hoguera está ardiendo es tan bonito...



Hoy, otro lunes de mierda como cualquier otro. Sea lunes de mierda o no, hoy, para unos amigos es un día de lo más especial. No todos los días un sello discográfico apuesta por ti, en estos tiempos que corren en que vender un disco es más difícil que poner una pica en Flandes o encontrar las fuentes del Nilo. Después de tres años siendo una promesa (siendo ese grupo que te gusta descubrir a tus amigos y compartirlos como un secreto) le ha llegado el momento a mis queridos y santos Klaus y Kinski y los otros chicos del grupo.
Hoy en todo el mundo, ¡qué digo en todo el Mundo!, en toda Europa, ¡qué digo en toda Europa!, en toda España se pone a la venta una pequeña obra maestra del pop. Ala, ya está Rubén vendiéndonos la moto porque son sus colegas. Pues no, quién me conoce sabe que soy de todo menos pelota con los grupos y los asuntos artísticos de mis amigos. Es más, saben que soy un cabroncete. Y que salvo muy pocas cosas de la hoguera. Pues bien, ahora no tengo que salvar nada de la hoguera porque lo que os vendo es una hoguera misma ardiendo. Un disco reluciente. Un artefacto casi perfecto, eso sí, para gourmets del pop (los hardrockeros y etc. Abstenerse de dar por culo con las opiniones de siempre).
Incluso dentro del pop, KnK van a contracorriente, hoy que todo pop que se vende o es folk o es épica de estadio de fútbol o es caña porque sí. La aparente sencillez, la modestia, el espíritu de recogimiento y la candidez engañosa parecen atributos decadentes de épocas pasadas en que Yo La Tengo y Belle and Sebastian reinaban. Shoegazerismo ilustrado, sentimentalismo sostenido con ironía. Montones de destellos de lucidez compositiva adornados con horas de trabajo en cuidados y deliciosos arreglos. En esta hoguera ardiente no hay una sola canción que se merezca el fuego eterno. Y no sabéis la de canciones buenas que se quedan fuera... en fin, podría seguir volcándome en elogios, pero aunque no lo parezca, no me pagan por estas palabras.
Y ya sé que hoy en día nadie se compra un disco. Sólo unos cuantos frikis de generaciones pasadas disfrutamos aún yendo a una tienda de discos y llevándonos un pedazo de plástico que fosiliza para la eternidad una cantidad de canciones, que es como un momento del tiempo, un estado mental y algunas esperanzas en la vida de los artistas, personas humanas, que hay detrás. Ya sé que no vais a ir corriendo a compraros el disco. Pero si no los conocéis, os invito a que los oigáis y si alguno de vosotros está los suficientemente loco, pasa por la FNAC o yo que sé, lo ve, ve su cuidado diseño y se acuerda de mis palabras, le gustan las canciones y se lo compra puede estar seguro de que ha tirado más el dinero tomándose dos copas el sábado. Aunque no sean de Madrid ni Barcelona, aunque el Rockdelux se olvide de ellos por su empacho de centralismo cultural, a KnK les ha llegado el momento. No digas que no te avisé. A rockanrolear!

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