viernes, 3 de junio de 2011

¿será este el diccionario de España con el que Perez Reverté soñó?


Esta semana cuya trascendencia histórica nos importa lo que un pepino, en la que mucha gente ha aprendido (para olvidar mañana) que hay una cosa que se llama E.coli (mola cómo se pronuncia en inglés: i.culai), será recordada también como una semana en la que la historia estuvo haciendo su propia historia. Metahistórica semana en la que esta silenciosa disciplina ha hecho un alto en su diligente trabajo (es decir, en hacer historia, pero escribiéndola) y ha pasado a formar parte de lo que Borges llamaría gustosamente historia… de la infamia. Si se hiciera un diccionario de infame temática, saldría la foto de la R.A.H., en la primera página, precisamente de la letra “a”, con la entrada: a tomar por culo el rigor.
En esta semana además no paro de acordarme de nuestro incansable espadachín de la pluma, nuestro Alejandro Dumas malrollero y para cuarentonas con criada e hijos en la universidad: Arturo Pérez Reverte. Defensor, en mil batallas, de LA VERDAD histórica, de esa en la que España siempre ha existido y la patria es la polla en vinagre. Y me pregunto si en esta ocasión enfundará su ácida y cansina pluma con insultos de esos de los que, más que otra cosa, enriquecen el vocabulario del lector y no ofenden ni a una abuela. Creo que me sentaré largamente a esperar y ver si llama “ímprobos pazguatos”, “necios estólidos” (quizás me equivoque y este sea el estilo de juan Manuel de Parda, publican tan cerca, física y espiritualmente, el uno del otro que me confundo) a los redactores del diccionario fachográfico español.
¿Se acordará Reverte del insulto a la verdad de estos señores? ¿Denunciará al falsificador histórico que ha dejado plasmado en unos libros (que pretenden fijar la historia de este país para la posteridad. Pagado en su totalidad, con un desorbitante presupuesto, por los españoles, sin tener noticias de ello) que Franco era un gran líder que instauró el orden en este país, que la guerra civil fue una cruzada y una guerra de liberación, que Negrín era casi un dictador y que llega hasta la desfachatez más absoluta cuando asegura que Escrivá De Balaguer tenía contacto directo con dios para tratar los asuntos del Opus Dei?
Todo esto en un alarde de rigor científico que demuestra lo que hay dentro del cerebro tocinero de esta gente, al que es fácil asomarse por una rendija por donde además de escapárseles la decencia (palabra que este tipo de gente suele usar deteniéndose en cada sílaba), hace que se les rancien las neuronas y se les escape un tufo a neurona caducada que hace vomitar. Grandes cerebros de nuestro país que dejan a la historiografía española (ya de por sí tomada como poco importante por otras escuelas internacionales) a la altura de la Pitonisa Lola, el Padre Apeles, y peor, una panda de skinheads neonazis o de familiares de Inestrillas
Para Arturo aquí va a haber poca batalla, no porque él se atreva a defender a esta gente o apoyarla. Que podría ser. Lo más probable es que obvie estos pequeños defectillos biográficos y la reprenda contra los que ahora estamos criticando esta aberración que hace temblar a los que aún se acuerdan del NO.DO. No, porque como cualquier obsesionado con las fantasías de una patria, la prioridad por defenderla traiciona sistemáticamente a la verdad toda, porque la verdad no defiende a ninguna patria por encima de otras. Ni siquiera desde la verdad, o mejor dicho, desde la objetividad, se podría asegurar que la patria es muy diferente de los sueños, la pertenencia a un lenguaje, las costumbres y los recuerdos de la infancia. Y por lo tanto toda mente lúcida debería poner en cuarentena y someter a crítica. Está claro que es una abstracción útil (en el sentido de tranquilizadora, como un psicologismo) como cualquiera otra que inventamos. Pero cada día es más peligrosa. A mí la patria me recuerda cada vez más, y viendo hasta dónde llegan los que en ella tanto creen, no a otra cosa que a la infamia.

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