domingo, 30 de agosto de 2009

LAS TRA(D)ICIONES DE TU PUEBLO, MI PUEBLO


Hoy, ya ayer, último domingo de agosto, tocaban a su fin las fiestas de mi pueblo. Y la nostalgia me llevó a bajar a ver el castillo de fuegos artificiales. Especifico porque no hay castillos de otro tipo por aquí. Aunque mi pueblo se llame las Torres (de Cotillas).
La traca final de la fiesta va acompañada de la chamuscación total de un muñeco gigante de cartón (lo que viene a ser una falla), que simula un grotesco campesino de fealdad incomparable. Lo llaman la quema del raspajo. Una tradición inventada, aunque no precisamente original. O sea, una cosa que no se había hecho nunca y que un buen día de hace 4 ó 5 años nuestro alopécico alcalde decidió que quedaría chachi. Sí, aquí algo huele a chamusquina, ¿Puede tener una tradición 5 años? eeesto… Todas las tradiciones empezaron alguna vez puede pensar el más resabido de mis lectores.
Pero no es tan sencillo, todas esas chorradicas anuales que engalanan con folklore los fastos patronales de los variopintos pueblos de España y del mundo mundial arrancan del impulso libre y del sentir voluntarioso del vulgo. ¿Y por qué? porque sí; por fe; por miedo y supersticiones; por amor a la tierra; porque un día uno vio a la virgen en bikini en su jardín o tuvo una cosecha de ajos tan espectacular que le estuvo oliendo el aliento a su pueblo 20 años; hasta por cosas tan raras como celebrar que el dios sol vence a la oscuridad o que un señor suicidándose estaba convencido de que salvaría a la humanidad, aunque no se salvó ni a él.
Para que la cosa no quede en un momento de suma y olvidadiza felicidad o incluso con una intención aleccionadora e informativa para las generaciones venideras, la gente tiende a repetir anualmente estos momentos singulares. Conmemorar que se llama. Los años pasan, las historias se magnifican y distorsionan al gusto de cada cual hasta que alguien listo se da cuenta de la viabilidad económica del asunto identitario y le pone el sello de [<> (sonido de un hierro al rojo impactando en el culo de una vaquilla)] “tradición milenaria de pueblo milenario”. Pero cuando no se conmemora nada, entonces, ojo, esto ya no vale. A no ser que vivas en Wonderland y celebres tu no cumpleaños. O te llames Hugh Hefner. Entonces conmemoras todos y cada uno de los días de tu vida.
Claro que llegará el día en que habrá tradiciones que ya se inventaron con la idea de llamarlas tradiciones. Tradiciones sin sujeto, sin contenido, tradiciones de tradiciones. De hecho ese día ya ha llegado en nuestro visionario pueblo.

jueves, 13 de agosto de 2009

el himen de maría, amén




Hoy, más misterios teológicos de altísimo nivel. Atención pregunta: Si la virgen María fue sin pecado concebida (…y he aquí la trascendental duda) ¿fue el niño Jesús, en su empujar hacía una nueva vida en el planeta Tierra, el que desvirgó a su propia madre rompiéndole el himen? ¿Es la virgen maría sin pecado concebida, pero con pecado parturienta?


Y eso sin entrar en detalles como que si padre e hijo son la misma persona Jesús es su propio padre, a la vez que su madre es su esposa desposada por él mismo al fecundarla él (según la cláusula filioque del credo niceno) y desflorarla nueve meses después.

Sé que no son dudas muy normales. Pero me corroen y busco respuestas. No quiera dios que maría sea finalmente una pecadora de rebote. Nada más lejos de mis teodeseos….

martes, 11 de agosto de 2009

Tchaikovski y los gitanos


Hoy, paseando con la bici por una pedanía de Murcia cuyo nombre igñoro, me encontré a unos gitanos peleándose, hablando con apasionada violencia en su jerga: - putaa, - y tú yonkie, - borrachaa, te via matá... Mientras la policía intentaba separarlos sin conseguirlo en absoluto. El resto de la horda gitana se movía y gritaba sin ningún fin concreto de forma que parecía que estuvieran vitoreando a sus ídolos. Me paré a mirar, incluso con respeto, por si la cosa acababa en tragedia y alguien me pillaba con una sonrisa. Se pegaban tortas, sopapos, y mientras una bebé (pobre ser, ¡vaya bautismo!...) pasaba de los brazos del uno yonki a la de la otra borracha, como si una pata de jamón ganada en una tómbola fuera. Yo venía escuchando el concierto para piano de Tchaikovski. No hay nada más refinado, pensaba, gayer incluso. Los elevados sentimientos decimonónicos que inspiraban la música y entraban por mis oídos, se enfrentaban a lo que mis ojos recibían en forma de barbarie retransmitida en directo, sin filtro de tele5 siquiera. En algún punto intermedio de mi cerebro había dos cables a punto de hacer una implosión. Y mi estado perplejo me impedía concentrarme en cortar el cable rojo o el azul. El asombro, que no es otra cosa que una forma de extrema de maravillarse, a veces está en los contrastes, en el enfrentamiento casi violento de elementos. Lynch y malevinch lo saben. Tchaikovski, el pobre, no. Le habría horrorizado convertirse en la BSO de mi aventura.

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