lunes, 5 de noviembre de 2012

las sombras (¿de rimel?) de la literatura de masas

Los secretos de los best sellers son inescrutables. Nacen, crecen, se expanden como la gripe y al año ya no queda ni rastro de ellos. Pues aquí tenemos ya el boom de esta temporada. Si no conocéis este libro, intuyo, es el nuevo millenium para 2012. Con trilogía completa ya anunciada. Aunque me temo que en este caso no nos encontramos con un fenómeno más o menos espontáneo como el del señor largson. Sino con la típica maniobra orquestada de promo a muerte. He hojeado el principio, el final y la historia por encima y más o menos puedo adelantar el secreto de este nuevo fenómeno, además de todos los trucos típicos de un best seller (como una escritura más plana que un universo en dos dimensiones). La tal E.L. James lleva a cabo una idea muy sencilla a la par que brillante, coger un hentai (manga porno) cualquiera y hacer una paráfrasis con personajes americanos de clase media y alta y vestirlo un poco de cuento de hadas hard. Ideal para que las chicas jovencitas se pongan a leer y sientan cosquillitas por ahí abajo a la par que ansias de conocer y vivir historias intensas con hombres misteriosos. Sí, como en los culebrones. Pero rollo porno. Que esto va a disparar las ventas de artículos bondage está cantao. Preparaos chicos, que ahora las chicas van a ser guerreras de nuevo. Pronostico que se acabó la generación Amelie. Así que dejad de jugar al niño bueno despistado que deja pistas por la ciudad a las chicas y gastad vuestros ahorros en juguetes revestidos de cuero. Pues sí, estas cosas preocupan sobre todo como fenómeno sociológico complejo, por lo que nunca conseguiré entender cómo los best sellers empujan al incauto lector a decir a diestro y siniestro "tienes que leerlo, tienes que leerlo" incluso a gente que seguramente se la va a traer floja. Si hubiera hecho caso a la gente, asín, en general, cuando me han soltado ese mantra, ahora tendría la cabeza llena de basura, bueno, la tendré llena igual pero de otro tipo de basura. Anda que no me dieron la brasa con que leyera el perfume. Ahí descubrí que un raro fenómeno, con un mecanismo desconocido, se movía detrás de las aguas de la literatura para masas. Un genio o un demiurgo voraz controla las mentes del lector medio occidental. ¿Llegará el Descartes que lo desenmascare?

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