domingo, 17 de abril de 2011

el dulce camino hacia el cielo


Miradlo desde los ojos de un extraterrestre, pongamos por ejemplo…, un holandés. Las procesiones siempre sorprenden a los foráneos, gentes de culturas reformadas y reformistas. ¿Acaso no es insólito moral y visualmente que un hombre enmascarado regale caramelos a los niños? En el ideario de la infancia está el “no aceptes caramelos de desconocidos”. Manda huevos que luego sea lo más guay del mundo aceptar caramelos de enmascarados. Pero eso dice mucho de la cristiandad. Un señor que oculta su identidad, y con ello sus intenciones, regala dulces a personas inocentes (todos los niños son inocentes) para dejar que se acerquen, que prueben su primer bocado religioso y que este sea dulce. La historia es análoga al que te invita a droga. El esfuerzo del otro no es en vano. El éxito reside en que no solo quieren hacerte cliente, sino que realmente tienen la convicción de que serás más feliz en su bando. Ese es el éxito de los transmisores del engranaje de la fe, no tanto del camello de tu barrio que se pirra más conspicuamente por la vertiente económica del asunto del clientelismo. Aunque en algo hemos mejorado al respecto, frente a las amenazas de infierno, la hoguera y el exilio, el proselitismo blando muestra la cara amable del poder espiritual en España. Curiosamente, la mierda que hay dentro de ese mundo sigue siendo la misma que hace mil años.

1 comentario:

Lara dijo...

Pues mirándolo desde ese punto de vista ties más razón que un santo, jajajaja...
Por cierto, odio las procesiones.

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