domingo, 3 de agosto de 2008

INDIE WARS, La amenaza popera

La guerra de festivales ha sido el acontecimiento del verano. Ha molado. Y se ha demostrado quién la va a perder. Y no digo naa, que luego se sabe too. Puede que no pierda nadie, pero no van a haber tablas tampoco.

Los festivales que se pelean se desean. O se devoran... Ya me imagino al grande comiéndose al aspirante a grande. Convirtiendo el festival de la competencia en una sucursal del suyo propio. El galeríascase convertido en el fib inglés (nunca mejor dicho). Y veo aviones por la costa azahar con banderas diciendo “devolvernos nuestros festivales. Hermanos Mora = malandrines.”

No voy a hablar (porque no quiero ni recordarlo), lo que me pareció el festival este que estaba en una boardilla, o perdido en un monte (no me quedó muy claro eso). En cuanto a producción y servicios… Y en cuanto a ganas de suicidarte o sufrir lipotimias… Ese que se llamaba Benicassim de Madrid (Se ve que ahora se llevan los festivales descontextualizados, como el Rock in Río, que yo lo llamé el festival de las dos mentiras, porque no era in río, ni era rock ni era nada) tampoco era mucho mejor. Pero bueno, se hacía sólo para joder al otro, que es lo que tiene gracia.

Corre el rumor de crisis. Es tan solo un rumor. Pero si se arruina la gran sinnrazon qué va a ser de todos los modernos que aún no tienen coeficiente intelectual para que les dejen entrar al Apolo. Qué será de Barcelona sin el Comon People (no espera, no era esta la canción de Pulp con nombre de macrodiscoteca). Qué será de todos esos djs, ¿de qué vivirán? Antiguos megadjs pidiendo trabajo en bares pequeños. Y ya no valdrán para esas pequeñas plazas, porque tienen los sets hipertrofiados de hits de masas. Y qué será de los grupos disco punk e indies, de los que suenan todos iguales pero hay que conocerlos (sí, esos mismos) sin distribución.

Sería una pena, yo creo en las ventajas de que existan empresas indies con poder. Aunque no me guste siempre lo que hagan. Cabe el consuelo de que a veces, de los cadáveres de gigantescos monstruos corporativistas pueden salir pequeñas y bonitas flores. Lo que pasa es que en España todas las compañías indies siempre han sido eso, pequeñas y bonitas flores. Metidas en sus decorativas macetas de militancia amateur pop. Así es nuestra industria musical. Quizás será que tampoco somos otra cosa musicalmente, y no sabemos crecer sin hacerlo a lo burro.

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