Son numerosas las teorías que demuestran que los españoles aprenden a fuerza de sentir nostalgia de lo desconocido u olvidado de su historia. Conocemos nuestro país gracias a que las cosas y los personajes desaparecen, se roban o mueren. Debido al sesgo mediático, esta regla, por suerte, no es válida para la corona o los políticos. Si todo fuera eterno, único e indivisible en esta patria, como muchos han soñado, la ignoraríamos por completo, apenas la entenderíamos. La moraleja es terrible: el español necesita destruir constantemente para conocer y para conocerse. Lo hizo con su imperio, lo ha hecho ahora con sus costas y después con su economía. Hechos que le permiten al español medio vivir con la ensoñación de que cualquier pasado fue mejor desde Felipe II hasta nuestros días. Frases como: España se podía cruzar de punta a punta por las copas de los árboles, España fue el primer país moderno de Europa, en el imperio de España nunca se ponía el sol… se repiten como un mantra de generación en generación. Seamos realistas, sin sensación de fracaso, sin nostalgia, un español nunca es un español completo.

he aquí uno de los frailes que no quiso revelar su rostro
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