viernes, 9 de mayo de 2008

SOS 4.8.3 LAS CONCLUSIOENS DEL BIODJ

SOS 4.8.3 LAS CONCLUSIOENS DEL BIODJ

http://es.youtube.com/watch?v=P1pjOdWd77I

Podría seguir con más historias de impacto. Como cuando bailé una danza india con gente con burka; o atravesé, destruyéndola, una performance que eran cajas apiladas. O cuando le dije al segurata que era técnico de sonido, que iba a apagar el sonido de una performance que era un pato haciendo un cuac cuac incesante y horrible (Sí, yo apagué ese horrible sonido). Pero ya da igual.

Pasados unos días, me quedan recuerdos dispersos, algunos inconexos. Pero eso sí, no me pararon de pasar cosas y las aproveché al máximo. Al máximo de felicidad. Los recuerdos felices, intensos y vívidos son como una droga. Su efecto puede atontarte uno o dos días. Luego casi no merece la pena recordarlos. Y menos publicarlos. Te dicen: eso ya pasó. No se puede vivir de los recuerdos a no ser que seas un viejo de muchos años y hayas sido muy importante y te pidan que los escribas. Qué irónico que cuando ya no te acuerdas de nada te pidan que recuerdes… No se puede vivir de ellos, no llevan a ninguna parte, pero siempre queremos más, fabricar recuerdos, y los recuerdos se fabrican viviendo, haciendo cosas. Los recuerdos son una droga. Incluso, a veces, recordamos cosas para tranquilizarnos, para no pensar en el futuro extraño.
Para que los nuevos recuerdos sean buenos, sean de calidad, para eso hay que reinventarse, no vale repetir el mismo gag, hacer lo mismo todos los días equivale al olvido. Todos mis días reiterativos y grises de instituto los podría agrupar en unos pocos inclasificables recuerdos. Para recordar, cada acto tiene que ser más original que el anterior. Ser algo nuevo. Para eso hay que ser creativo en la vida. Viajar, cambiar el marco de tu vida. Ser brillante en cada acto de entretenimiento. Vivimos en la cultura del perfeccionamiento de la diversión. Y en eso yo aspiro a una cátedra. Por algo será que lo que menos voy a recordar del SOS van a ser los grupos. En el festival de la sostenibilidad, lo que menos importaba, después de la propia sostenibilidad, era la musicalidad. Es lo que tiene hacer un festival casi tecno. Alguien conoce una música que se olvide más rápido que el tecno?
Todo me daba igual. Todo lo había visto. No iba a sentir ninguna emoción nueva con la música. Así que me sirvió de decorado para la diversión. Aunque emborracharse y ponerse ciego tiene muy poco que ver con la memoria. Y menos con la sostenibilidad. Allí lo que triunfó. Además de la rufuswainwrightcidad. Fue la chemicalbothericidad, la bakalukicidad post-rutadelbakalao. Quién vaya a reciclar los papeles que tenga ahora a mano después de haber ido al festival que levante la mano (a no ser que esté usando papel higiénico y entonces mejor que deje la mano donde está)
Pero ¿Sostenibilidad? ¿Para qué? He matado millones de neuronas, y la mierda y la basura iban al suelo por todo el festival, no precisamente en envases reciclables. Así que si fuera un niño que tuviera que aprender algo estos días, mí moraleja sería: consúmete a ti mismo. Agota todos tus recursos, exprímelos al máximo. Y si nos hacemos esto a nosotros, qué no le vamos a hacer a la naturaleza. Ese simple decorado donde llevamos a cabo nuestra demoledora locura, así hasta que se acabe de caer (el decorado) y con ello termine la función.

1 comentario:

Lara dijo...

Creo que lo de la danza india tendría muuuuuuuucho impacto, jajaja...
Muuuuuuacks!

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