La historia del gótico que descubrió el humor

Darkmoon86 (utilizaremos su nombre virtual) se preparaba para salir otro sábado más con sus férrea panda de ángeles negros de la noche madrileña. Las botas con las hebillas apretadas, colocadas la levita de cuero envejecido del rastro y la camiseta de su grupo finlandés favorito. Todo en su sitio. Ahora frente al espejo escondía su moreno natural con los polvos blancuzcos y otras esencias que aprendió a usar de su madre. Julio no era la fecha para hacer el gótico. Pero su ‘religión’ así se lo ordenaba. Se vio completamente extraño de esa guisa y con ese calor. Tras la ducha el vapor y el calor se entremezclaron. Limpió el espejo y vio que se le había corrido el rimel de los ojos. Se sintió ridículo mirándose, pero aguantó la mirada un rato, se recordó a una de esas vírgenes tan kitsch con lagrimones que salían en las procesiones. Sonrió, y no vio en esa sonrisa rastró de la estética maldad que había aprendido viendo pelis de Tim Burton. Se puso a juntar las manos y girar el cuello hací...