miércoles, 16 de marzo de 2011

Is the end of the world as we know it

Cada día estoy más convencido de que se precipita más y más rápido el fin del mundo como lo hemos conocido, que la historia se acelera y los cambios van en todas direcciones, hacía atrás y hacía delante. Y no hay mente humana que los abarque. Asistimos perplejos a la vorágine, cuando en realidad nuestros padres y abuelos dieron sus vidas y su sacrificio porque esto fuera justo lo contrario.
Las megacatástrofes se suceden como nunca, los cambios de equilibrio de poder son abrumadores, las decisiones tecnológicas más audaces sufren reveses inesperados. Aparecen grandes problemas que jamás pensábamos que tendríamos y entre tanto algún que otro rayo de esperanza proveniente de países de los que jamás te imaginaste (porque así nos lo vendían los neocon) que podrían convertirse en ejemplo de civismo y conciencia social. Y lo peor es que nada de lo que cambia parece estar en nuestras manos, como lo estuvo el motor de la historia en otro tiempo.



Por otro lado, o más bien, por este lado; el problema en España y otros países cercanos es muy profundo. Tengo la sensación de que existe una conciencia de la derrota, del desconcierto, del sálvese quién pueda. Cuando alcanzan al inconsciente colectivo, a una mentalidad global y la hieren de semejante manera, no tengo más que decir que chapó. Pedazo trabajo el del club Bilderberg ese. Quizás es lo que quería el sistema, hundir y humillar los ánimos de un pueblo para reajustar luego el poder tradicional en el nuevo marco, los mismos que nos han metido en esto se nos presentarán dentro de poco como los únicos salvadores casuales. A costa de nuestras libertades y otros derechos. O nos querrán mantener desesperanzados a lo 1984.

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