martes, 29 de abril de 2008

las lágrimas de san pancracio mutilado


Miren lo que me encontré un día, un pedazo de mi infancia, esa época de respeto nulo por todo lo que no se entiende, y lo que se entiende pero te da igual. Yo, un inocente niño, aspirante a Satanás arty, sólo tuve que enchufar el mechero a la nariz, pintarle bigotes y morros de cerdo, y así convertí un icono religioso en obra de arte. Yo era maligno. Pero la culpa principal la tienen los cristianos, por permitir réplicas de sus iconos tan tan feas y ¡de plástico!
Al ver esto, pasados los años. Admito que lo que más me ha gustado ha sido que se me ocurriese pintarle esos chorretones de tinta en los ojos, que si llega este santo pedazo de plástico a manos de una beata, se cree que es que ¡oh, milagro divino! está llorando autenticas LÁGRIMAS NEGRAS. Como aquel famoso disco de un cubano y un gitano que no recuerdo

PD. Dios, perdóname, yo no quería... (Por si acaso, que nunca se sabe...)

1 comentario:

Lara dijo...

Los grandes artistas ya se ven venir de pequeños, jajaja...
Muuuuacks!

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