martes, 7 de octubre de 2008

la crisis, merienda de lobos.


En las noticias de ayer vi a un banquero juzgado por llevar a la ruina su banco en Estados Unidos. El hombre aseguraba sentir mucha pena por toda la gente a la que había arruinado, empleados y clientes. Hasta que el juez enseñaba lo que había ganado en nómina en 5 años. Entonces el banquero se quedaba mudo, y miraba para el lado. Quizás, por un instante ese ser repugnante, seguramente de elegantes modales y cultura, sintiera un atisbo de vergüenza humana. Pero dudo que alguien nublado hasta el extremo por la codicia lleve a una acción justa (como devolver ese dinero) su “pecado capital globalizado”. Había ganado, sólo con su sueldo autoimpuesto, más de 500 millones de dólares. Y esto es solo una de las numerosas maneras en que los banqueros ganan dinero.
Para el común de los mortales es difícil entender los entresijos de la crisis. Temas como las acciones con las que se especula, si eres un inversor con mucho capital, para que crezcan rápido. Haciendo creer al inversor medio que es un valor en alza que tiene que comprar, subiendo así el precio de unas acciones que habías comprado a cuatro duros, sustentados en valores dudosos o directamente irreales. Este año, llegado el punto que no se podía especular más, los grandes y anónimos inversores han retirado sus casi inimaginables fortunas. Mucho mayores que esos pocos millones de euros de los sencillos y comprensibles sueldos, pero que al homínido medio nos vale para echarnos las manos a la cabeza sobre cómo se había estado repartiendo la tarta del mundo en estos años de neoliberalismo. Entonces ahora caen los valores, se arruinan los accionistas, las empresas se quedan sin dinero para pagar a sus empleados y el sistema entra en una crisis para la humanidad, que no lo es para estos señores (El negocio de los artículos de lujo sigue disparado en este años.
Han sido años en los que los pobres e ignorantes ciudadanos medios (versión postmoderna del proletario) creíamos que aunque no fuera un sistema dedicado a repartir las riquezas que producía el mercado y la tecnología. Al menos nos estaba dando a todos (los occidentales) un buen nivel de vida. Y nadie parecía protestar. Nadie investigaba esos sueldos y esas actuaciones financieras fuera de toda ética. Vivíamos en un sueño, durmiendo sobre una cama de mierda. Donde se rebozaba y cagaba a gusto la élite de los cerdos ejecutivos. Y los políticos eran como los monos budistas: sordos, ciegos y mudos.
Ahora que han arruinado a millones de personas, esa entrañable casta de lobos con piel de Armani, se irá tranquilamente a vivir el resto de su vida en paraísos (no precisamente fiscales). Pero antes de eso, por si fuera poco, aún tienen momentos para el humor. Como lo que oí de un jefe del BBVA, aquí, en nuestra tierra. Que nos decía, a los mileuristas españoles, que nos apretásemos el cinturón, que deberían bajarnos los sueldos y los despidos para agilizar el mercado. Lo podrían ya hacer en plan videoclip del youtube, con la canción esa de “ponte el cinturón”, pero en una versión que diga, póntelo en el cuello, y luego átalo al techo. Y luego salir con un maletín al que se le cae el dinero por una rendija. El dinero de nuestras hipotecas, ahorros y sueldos. Puestos a reírse del pueblo que lo hagan bien.
Eso es lo gracioso, que no lo es. Lo más triste es que ni uno solo pisará la cárcel o devolverá parte de lo que ha robado legalmente. Porque se puede robar legalmente si eres tú el que hace las leyes, pero nunca moralmente. Han arruinado a sus bancos y empresas de finanzas y con ello el dinero de millones de personas, y con ello países medianos y pequeños. Y no va a haber justicia, lástima que no se pueda demostrar así como así la relación causa / efecto que tiene cada rico de estos sobre los pobres. Y que salgan todos impunes de lo que debería ser un nuevo delito de lesa humanidad. No va a haber un Nuremberg para ladrones de guante blanco, donde pueda ser castigada la avaricia extrema, la retención y el derroche de riquezas que ya causaban, pero van a causar ahora una incalculable pobreza extrema.
Y como son monstruos ni siquiera se sentirán criminales o se suicidarán. Por un momento me gustaría ser católico y creer que es cierto eso de que es más difícil para un rico entrar en el reino de los cielos que para un camello pasar por el ojo de una aguja. Y tener la certeza de que arderán y serán torturados eternamente en el infierno. No lo digo yo, que es palabra del Señor. Amen.

2 comentarios:

Lara dijo...

No hace falta que seas católico ni nada de eso, sólo mira lo que te digo: todo se paga, tarde o temprano. No lo dudes.
Muuuuacks!
Pd. muy buena la imagen del banco, ya la conocía pero cada vez que la veo me parto, jajaja...

Anónimo dijo...

No son los ladrones de guante blanco, es el capitalismo, so burro.

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